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Anecdotario de Lhardy

Anecdotario de Lhardy

1º Parte del anecdotario de Lhardy.

Alfonso XII acudió varias veces de incógnito, coincidiendo en los salones de Lhardy con amigos y personajes de la vida madrileña.

En esta primera parte del anecdotario de Lhardy os iremos contando las anécdotas más importantes del restaurante en estos 175 años de historia son muchas y muy interesantes esperamos que os gusten y os sean de gran interés.
Lhardy es el primer restaurante español creado tal y como hoy se concibe la restauración pública. El precio fijo, las minutas por escrito o las mesas separadas han sido normas incorporadas por el propio Emilio Lhardy al comercio hostelero de la primera mitad del siglo XIX.
Hacia 1847, la propia Reina Isabel II se escapó de palacio y fue a cenar con sus damas de servicio a Lhardy. También Alfonso XII acudió varias veces de incógnito, coincidiendo en sus salones con amigos y personajes de la vida madrileña. La frase “he visto al Rey, entraba en Lhardy” era comentario frecuente.
En 1885 se incorpora el teléfono en Lhardy, cuando en Madrid sólo había 49 abonados, con lo que muchos de ellos se iniciaron en el hábito de la reserva de mesas y el encargo a domicilio. El propio instrumento de progreso dio asimismo lugar a las primeras bromas telefónicas: “Sabemos que tiene patas de cerdo, callos y cabeza de jabalí, pero seguramente no tiene Vd. riñones…”. Pasados los primeros mosqueos Agustín Lhardy reacciona con su proverbial humor: “… y no olvide que también tengo huesos de santo”.
En este mismo año se introduce la tradición del consomé autoservido del samovar de plata, que tanto éxito tuvo entre las damas de la época. Es oportuno señalar que Lhardy fue el primer establecimiento hostelero madrileño al que se permitió que acudieran señoras solas. Todo un signo en la historia de la liberación femenina española.
Otro acontecimiento que atañe a Lhardy es el estreno de la zarzuela-bufa “Tortilla al ron”. Se nombra el establecimiento en el estribillo de un cantábile de la obra que debía ser repetido por el público, y por tanto adquirió gran popularidad entre los madrileños de la época.
Anticipándose a la moderna crítica gastronómica, el maestro de periodistas Mariano de Cavia, mantuvo en “El Liberal” una sección diaria titulada “Plato del día”, nutrida a menudo con referencias a Lhardy. Sostenía estrecha amistad con Agustín Lhardy.
A mediados del siglo XIX no se hablaba en Madrid más que de Lhardy como lugar inevitable de las comidas de lujo, y Pascual Madoz lo incluye en su Diccionario Geográfico.El notable decorador Rafael Guerrero establece la nueva fisonomía de Lhardy.
Continuará…
1 year, 8 months ago Comentarios desactivados